El equipo comparó esas imágenes con registros de crustáceos y otros artrópodos antiguos. El análisis de las estructuras conservadas permitió determinar la identidad de la especie.
Una de las principales evidencias surgió de la forma de la pinza. La garra móvil de P. gigas apuntaba en dirección opuesta a la fija, como ocurre en los escorpiones modernos. En crustáceos como las langostas, en cambio, la parte móvil se orienta hacia la fija.
Otra prueba apareció al comparar los fósiles con imágenes de Eramoscorpius brucensis, un escorpión que vivió hace 430 millones de años. Las dos especies antiguas tenÃan un esternón alargado, casi triangular y atravesado por un surco central. Los escorpiones modernos suelen presentar uno pequeño y pentagonal.
Howard explicó que esa similitud no se detectó en investigaciones anteriores porque E. brucensisfue descubierto en 2015. Esa referencia anatómica resultó clave para confirmar que P. gigas era un escorpión.
Sin embargo, los recursos terrestres quizá no eran suficientes para sostener a un animal de esas dimensiones. Es por esto que el investigador planteó que la especie podrÃa haber nadado para capturar presas grandes, como peces acorazados y escorpiones marinos.
En este sentido, las rocas que contenÃan los fósiles fueron depositadas por rÃos. Para Howard, ese dato indica que el escorpión pudo habitar ambientes de agua dulce.